Mientras tanto en Occidente no cabe duda de que los bacteriófagos han proporcionado un valioso material que ha contribuido de forma fundamental al espectacular desarrollo de la biología molecular. Los experimentos de Messelson y Stall empleando fagos marcados radiactivamente permitieron confirmar de forma definitiva los experimentos seminales de Avery y su escuela para demostrar que eran los ácidos nucleicos los portadores de los genes. La simplicidad aparente de las partículas fágicas y el impulso proporcionado por Delbrück, Hershay y Luria fueron fundamentales para suministrar el arranque inicial de lo que sería, pasados los años, la Biología Molecular que hoy conocemos.
El genoma Bacteriófago y la búsqueda de nuevos antibióticos.
Una novedosa y reciente aportación en el empleo de los fagos se fundamenta en la disponibilidad de la secuencia completa de un número creciente de genómas fágicos, lo que ha facilitado el ensayo de nuevas dianas metabólicas para combatir las infecciones bacterianas. La idea se fundamenta en la observación de que la replicación de los fagos líticos condiciona la inhibición de la multiplicación bacteriana. Esta interacción entre proteínas fágicas y bacterianas, unido al conocimiento de 25 secuencias de genomas de fagos de S. aureus, ha llevado a Liu y colaboradores [18] a desarrollar un ingenioso procedimiento para buscar nuevas dianas antimicrobianas. Las similitudes entre los centros activos de algunas proteínas fágicas y una serie de productos farmacológicos de molecula simple, ya homologados clínicamente y que aparecen en los bancos de datos ofrecen la posibilidad de desarrollar una esperanzadora aproximación experimental para combatir las infecciones.
El genoma Bacteriófago y la búsqueda de nuevos antibióticos.
Una novedosa y reciente aportación en el empleo de los fagos se fundamenta en la disponibilidad de la secuencia completa de un número creciente de genómas fágicos, lo que ha facilitado el ensayo de nuevas dianas metabólicas para combatir las infecciones bacterianas. La idea se fundamenta en la observación de que la replicación de los fagos líticos condiciona la inhibición de la multiplicación bacteriana. Esta interacción entre proteínas fágicas y bacterianas, unido al conocimiento de 25 secuencias de genomas de fagos de S. aureus, ha llevado a Liu y colaboradores [18] a desarrollar un ingenioso procedimiento para buscar nuevas dianas antimicrobianas. Las similitudes entre los centros activos de algunas proteínas fágicas y una serie de productos farmacológicos de molecula simple, ya homologados clínicamente y que aparecen en los bancos de datos ofrecen la posibilidad de desarrollar una esperanzadora aproximación experimental para combatir las infecciones.
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