Los bacteriófagos (también llamados fagos -del griego phageton, alimento/ingestión) son virus complejos que infectan exclusivamente a bacterias.
Los fagos están constituidos por una cubierta proteica o cápside en la cual está contenido su material genético. La mayoría de los fagos tiene una cola que les permite inyectar el material genético en su huésped.
Los fagos están constituidos por una cubierta proteica o cápside en la cual está contenido su material genético. La mayoría de los fagos tiene una cola que les permite inyectar el material genético en su huésped.

Un bacteriófago es, ante todo, un parásito bacteriano. Un fago puede persistir por si mismo pero no es capaz de crecer ni de reproducirse a si mismo. Los fagos carecen de cualquier mecanismo de reproducción, y aprovechan los mecanismos de la bacteria para replicarse. Esto lo hacen agarrándose a las paredes celulares con las fibras, a modo de patas, visibles aquí. La cola es una vaina que se contrae para inyectar el contenido de la cabeza, el material genético (ADN), dentro del hospedador. En 25 minutos, son capaces de utilizar con éxito los mecanismos reproductores de la bacteria, y la progenie viral llena la célula. Entonces, la atestada bacteria estalla, liberándose unas 100 nuevas copias del bacteriófago
Los bacteriófagos infectan sólo a bacterias específicas. Algunos fagos son virulentos, es decir, luego de infectar a una célula comienzan a reproducirse inmediatamente y poco tiempo después lisan (destruyen) a la misma liberando nuevos fagos.
Por el contrario, otros bacteriófagos, mal llamados "fagos moderados", son relativamente inofensivos: integran su material genético al ADN cromosómico de la bacteria huésped o bien se establecen dentro de ella como plásmidos. Estos fagos endógenos, conocidos como profagos, se duplican con cada división celular al mismo tiempo que el ADN de la célula huésped. No matan a la célula, sino que monitorean (por intermedio de unas proteínas para las que codifican) el estado en el que se encuentra el huésped. Cuando el mismo muestra signos de estrés, es decir, de que va a morir pronto, los fagos endógenos se activan nuevamente y comienzan con su ciclo reproductivo, lo cual resulta en la lisis de la célula. Un ejemplo de ello es el fago λ de E. coli.
En ocasiones, los profagos incluso le otorgan beneficios a la bacteria huésped mientras están en estado letárgico al incorporarle nuevas funciones a su genoma; éste fenómeno se conoce como conversión lisogénica. Uno de los ejemplos más famosos es el de la cepa bacteriana inocua Vibrio. Ésta se transforma en Vibrio Cholerae por acción de un fago y es la causante del cólera.
Los bacteriófagos infectan sólo a bacterias específicas. Algunos fagos son virulentos, es decir, luego de infectar a una célula comienzan a reproducirse inmediatamente y poco tiempo después lisan (destruyen) a la misma liberando nuevos fagos.
Por el contrario, otros bacteriófagos, mal llamados "fagos moderados", son relativamente inofensivos: integran su material genético al ADN cromosómico de la bacteria huésped o bien se establecen dentro de ella como plásmidos. Estos fagos endógenos, conocidos como profagos, se duplican con cada división celular al mismo tiempo que el ADN de la célula huésped. No matan a la célula, sino que monitorean (por intermedio de unas proteínas para las que codifican) el estado en el que se encuentra el huésped. Cuando el mismo muestra signos de estrés, es decir, de que va a morir pronto, los fagos endógenos se activan nuevamente y comienzan con su ciclo reproductivo, lo cual resulta en la lisis de la célula. Un ejemplo de ello es el fago λ de E. coli.
En ocasiones, los profagos incluso le otorgan beneficios a la bacteria huésped mientras están en estado letárgico al incorporarle nuevas funciones a su genoma; éste fenómeno se conoce como conversión lisogénica. Uno de los ejemplos más famosos es el de la cepa bacteriana inocua Vibrio. Ésta se transforma en Vibrio Cholerae por acción de un fago y es la causante del cólera.
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